¡Mesa mala, mala, mala!

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Cuando oímos un sonido, al golpear un cuenco tibetano por ejemplo, hay (sin profundizar ni complicarnos) tres factores: El sujeto, es decir uno mismo; el objeto, que es el cuenco; y la acción, que es el hecho de que el cuenco suene y uno lo perciba. Sigue leyendo “¡Mesa mala, mala, mala!”

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Alegre y sabio

Su sola presencia lo pone todo en su lugar, una calma cálida se expande. La felicidad viene de dentro, no la encontraremos fuera, dice. Para no sufrir, hay que cultivar la mente. “¿Qué más?”, te preguntas sabiendo que durante 30 años su quietud le convirtió en lugar de reposo de los pájaros. Entender el alcance de sus palabras requiere detenerse. La invasión china le obligó a huir de Tíbet, y lo hizo con una reliquia bajo el brazo, la cabeza de un insigne lama que quería entregar al Dalái Lama, pero no pudo acceder a él y vivió un año en las calles de Dharamsala hasta que el Dalái Lama soñó que alguien tenía algo que entregarle. Desde entonces son viejos amigos. Visitó Barcelona invitado por el centro de meditación Tushita. Sigue leyendo “Alegre y sabio”

Feliz instante presente

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A menudo, cuando acaba un año y empieza otro, nuestras mentes corren a pretender relacionar todo lo malo que nos haya estado pasando últimamente con ese año que termina, con la esperanza semi-inconsciente de que las penurias se vayan con el número, y suspiramos confiando en que ojalá el año que entra todo aquello cambie y las cosas nos vayan aunque sea un poco mejor.

Y pasan los años y resulta que no se cumple. Pero es que pasan los meses y tampoco se cumple. Y pasan las semanas y tampoco. Y los días. Y las tardes, y las mañanas, y a cada vivencia que tenemos, y a cada cosa que nos pasa o nos deja de pasar seguimos atándole un cordelito que mantenemos sujeto en la mano para no perderles el rastro, como quien sujeta un globo de helio, hasta que poco a poco acabamos viviendo siendo arrastrados por el suelo por una infinidad de cordelitos, cada uno de ellos correspondiente a una esperanza, un deseo, un ojalá, un futuro… o a un rencor, un desengaño, un adiós, un pasado…

Cada vez que cambia ese número, esa cifra, ese símbolo insignificante y del que nos servimos para contar cuántas vueltas ha dado la Tierra alrededor del Sol desde un momento dado -y que hemos creado nosotros, los humanos, los mismos que organizamos guerras, masacramos a nuestros semejantes y despreciamos el mismo medio ambiente que nos permite estar vivos- nos ponemos a desear, a esperar, a querer, a pretender mirar hacia adelante con esa mezcla rara de positivismo y derrotismo, de “valiente porquería de año; qué ganas de que acabara ya” y “bueno, pero tenemos salud, que es lo que importa”.

Y me imagino a los pobres meses, esas humildes semanas, todos esos sábados por la noche, y esos miércoles a las tres de la mañana de los que no se acuerda nadie, que en realidad no son más que números, cifras, símbolos insignificantes de los que nos servimos para contar cómo pasa un tiempo que los científicos más brillantes aseguran que en realidad no existe -o si acaso, que sólo existe de forma relativa, algo con lo que los grandes eruditos del budismo tibetano estarían muy de acuerdo-… pero resulta que nadie pone arbolitos con luces en sus casas para desear un feliz jueves nuevo, ni los ayuntamientos instalan altavoces para que se oigan por la calle canciones típicas celebrando el nacimiento de la primavera, ni conozco a nadie que se ponga gorros ridículos con cuernos de reno, ni se emborrache, ni abra botellas de champán para festejar cada nuevo amanecer…

Sin embargo, y pensándolo bien, ¿qué diferencia hay entre el último minuto de 2017 y el primer minuto de 2018? Nuestros calendarios tienen un significado distinto a cada día que pasa. Cada vez que sacamos el móvil del bolsillo y encendemos la pantalla, la hora es diferente, y según pasas los ojos sobre este texto, también van pasando los segundos.

¿Por qué esperamos a que vaya terminando el año para desear que todo le vaya bien a nuestros parientes, para petar las comunicaciones enviando mensajes de buenos augurios a la gente que conocemos y para albergar en nuestros corazones la esperanza de que todo irá bien a partir de ahora, o por lo menos para hacerle hueco a ese sempiterno ojalá? ¿Por qué esperar al sábado? ¿Por qué esperar a mañana? ¿Por qué esperar a mediodía? ¿Por qué esperar al minuto que viene, al segundo siguiente y a todas esas cosas que los humanos hemos decidido ponerlas donde nos ha dado la gana y resulta que todas las hemos puesto más allá del instante presente? ¿Por qué esperar? ¿Por qué no albergar en nuestros corazones todos esos buenos deseos de felicidad y prosperidad para todos… ahora mismo, en este mismísimo instante que estamos experimentando?

Porque cuando desarrollamos un auténtico interés por el bienestar de los demás, un verdadero amor universal y una compasión profunda y sincera, no queremos que los demás sean felices el año que viene, ni deseamos lo mejor a nuestros parientes para el lunes que viene, ni esperamos que todo nos vaya mejor dentro de cierto número de minutos en el futuro. Sino ahora. Y si no deseamos de corazón que todos y cada uno de los seres del espacio infinito tengan una felicidad auténtica, completa y definitiva en este mismo instante… ¿a qué estamos esperando? ¿a qué estamos jugando? ¿a quién pretendemos engañar? Y más aún: ¿Quién nos está engañando?

La meditación está servida.

Feliz instante presente.

Ciudades, locales, talleres, maestros… Tres de cada, por favor.

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¡Tres en raya y tiro porque me toca!
 
Tarantos (Alcorcón), Yogael (Madrid) y Alcamar (Leganés): Los tres sitios en los que nos reunimos para hacer meditación y aprender algo más sobre la sabiduría budista tibetana, han contado o van a contar estos días con la visita de tres de mis queridos maestros. No os podéis perder esta oportunidad:
 
Lama Ahbay Rimpoché, que viene de India, ya estuvo en Alcorcón a finales de octubre y volverá a Tarantos el domingo 26 de octubre a las 17:00 h. (Quedan muy pocas plazas disponibles).
 
Geshe Lobsang Tendar, llegado de Tawang (área tibetana en los himalayas de la India) reside en Madrid desde hace apenas unos meses y estará en Yogael el domingo 12 de noviembre a las 12:00 h (razón por la cual nuestro taller allí ese día se traslada a las 16:00 h).
 
Geshe Thubten Tsondu, por su parte, nos visita desde su centro budista en Canadá para estar en Alcamar Terapias el sábado 18 de noviembre a las 17:00 h.
 
Por favor, es necesario confirmar plaza con cada uno de los establecimientos. Aunque estos (y otros) días acompaño a los lamas, ya sea como traductor o asistiéndoles a título personal, yo NO participo en la organización de estos eventos. Si por el contrario queréis reservar plaza para nuestros talleres de meditación tibetana, aquí tenéis la agenda y aquí el formulario de reservas.

Próximas visitas de maestros tibetanos

En próximos días visitarán los centros en los que se ofrecen habitualmente los talleres de meditación distintos maestros tibetanos a los que asistiré como traductor. Estaré encantado de veros allí.

Estas fechas se limitan a las actividades celebradas en Tarantos, Yogael y Alcamar pero su agenda es más extensa. Su organización es independiente de nuestros talleres habituales, se requiere aportación económica y es necesario confirmar asistencia con antelación. Para más información se recomienda contactar directamente con cada local y/o visitar http://www.hermesan.es

Octubre:

Sábado 28 – Tarantos (Alcorcón) – Lama Ahbay Rimpoché. 12:30 a 14:30 h. Enseñanzas: Compasión y sabiduría. Ceremonia: Puja de Tara.

Domingo 29 – Yogael (Madrid) – Lama Ahbay Rimpoché. 11 a 13 h. Enseñanzas: Sabiduría y compasión. Ceremonia: Sutra del Corazón. Información y reservas: 644 43 88 03.

Noviembre:

Domingo 12 – Yogael (Madrid) – Geshe Thubten Tsondue y Geshe Lobsang Tendar. 12 a 14 h. Enseñanza: ???. Ceremonia: Puja de Protectores.

Sábado 18 – Alcamar (Leganés) – Geshe Thubten Tsondue. 17 a 19 h. Enseñanzas: Los 8 Versos para la Transformación del Pensamiento. Ceremonia: Iniciación tántrica de Tara Blanca.

Domingo 26 – Tarantos (Alcorcón) – Lama Ahbay Rimpoché. 17 a 19 h. Enseñanzas: Muerte. Una perspectiva budista tibetana. Ceremonia: Transmisión del Sutra del Corazón.