Todas las entradas por Carlos J. de Pedro

Budista, TDAH, papá, vegetariano, malagueño y algunas cosas más. Autor del libro "Budismo Tibetano: Una Guía Para Principiantes". Visita www.sanghavirtual.wordpress.com

Estudio científico favorece la meditación en la vacuidad sobre el ‘mindfulness’

Según un grupo de psicólogos de la Universidad de Derby, en Reino Unido, la meditación en la vacuidad podría ser más efectiva en la mejora de nuestro bienestar que la meditación mindfulness.

Un grupo de investigación internacional, dirigido por el psicólogo y conferenciante William van Gordon, ha llevado a cabo el primer estudio que investiga el impacto de la meditación budista en la vacuidad. La vacuidad, que es un conocimiento budista fundamental, es la comprensión de que ni nosotros ni cualquier otro fenómeno en el universo (sintiente o no) tiene un núcleo o alma permanente, separado e independiente.

“El mindfulness y las demás técnicas contemplativas son muy útiles para generar calma mental y un espacio en el que explorar la mente”, dijo Van Gordon. “Pero se debe ir un paso más allá y debilitar la vacuidad del yo y la vacuidad de todos los fenómenos – eso está muy en consonancia con las enseñanzas de la mayoría de tradiciones budistas.”

“En las últimas décadas, hemos observado un aumento significativo del interés de la ciencia en la investigación de las propuestas contemplativas budistas. Esto empezó hace 20 o 30 años con una primera fase de investigaciones centradas en el mindfulness. Hace 10 o 15 años, hubo una segunda fase centrada en la compasión y el amor benevolente. Lo que vemos ahora es una tercera fase de investigación centrada en sabiduría, vacuidad y desapego.”

Van Gordon cree que, para alcanzar una comprensión completa de las técnicas budistas, la ciencia debe abarcar las tres fases: mindfulness, compasión y vacuidad. Él quiere que aumente el estudio de la relación entre la vacuidad y el bienestar.

El estudio de la Universidad de Derby comparó la meditación en la vacuidad con la meditación mindfulness en un entorno controlado, con 25 participantes, entre los que había practicantes budistas laicos y ordenados. Para poder participar en el estudio, se requería que los participantes tuvieran una práctica de meditación diaria que alcanzara, de media, los 25 años. Además, antes de invitarles a participar, Van Gordon y su equipo entrevistaron a cada candidato para explorar su comprensión de la vacuidad.

Los participantes practicaron meditación en la vacuidad en su tiempo libre. La meditación en la vacuidad consistía en una fase inicial de concentración meditativa, seguida de una fase de investigación meditativa. Este proceso en dos fases conllevaba la búsqueda de un yo existente y el examinar la naturaleza subyacente de la experiencia, para luego trascender los límites conceptuales (tales como espacio y tiempo) con el objetivo de obtener una perspectiva universal y visionaria enraizada en la compasión. Al experimentar la vacuidad, los participantes mantenían el control de la duración y el contenido de la meditación, así como la conciencia de su cuerpo físico y entorno.

Durante el mismo mes, también practicaron una meditación mindfulness que no conllevaba ningún aspecto relacionado con la vacuidad. Antes y después de cada meditación, los participantes realizaban una serie de pruebas psicométricas que después analizaba el equipo de investigación para comparar la efectividad de cada propuesta meditativa.

Los resultados mostraron que, a pesar de que los participantes ya mostraban un nivel elevado de bienestar y conocimiento espiritual, la meditación en la vacuidad llevaba a una reducción de las emociones negativas del 24%, un aumento de los sentimientos compasivos del 16%, y a una reducción del apego a ellos mismo y a sus experiencias externas del 10%.

También se descubrió que los participantes experimentaron la vacuidad como una fabricación subyacente de la mente y la realidad. En otras palabras, sintieron que la naturaleza de la realidad no es tan concreta como la gente tiende a pensar.

A pesar de que se vio que la meditación en la vacuidad fue más efectiva que el mindfulness para mejorar la sabiduría y el bienestar de estos participantes, Van Gordon afirma que se debería llevar a cabo un estudio con practicantes de meditación laicos y relativamente inexperimentados. Planea organizar más estudios centrados en explorar el impacto de la meditación en la vacuidad en meditadores principiantes.

Van Gordon señala que, si los estudios subsiguientes sugieren que la vacuidad es una verdad científica de la existencia, podría ser necesario que los científicos reexaminen cómo interpretan los fenómenos físicos y psicológicos.


Artículo original: Lion’s Roar. Traducción: Casa Virupa.

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Todo por la patata

La primera y más importante aflicción mental es la ignorancia. El principal problema. La raíz de cualquier cosa que no nos gusta, que nos fastidia, que nos duele, que nos ofende, que nos causa cualquier cosa que pudiéramos considerar sufrimiento, desde los dramas más espantosos hasta que un mosquito decida revolotear a tres centímetros de tus ojos.

Esa falta de sabiduría nos hace creer que seremos felices (o al menos un poco más felices de lo que somos ahora, y siempre en dependencia de lo que esa misma ignorancia entiende como “felicidad”) si queremos cosas y las conseguimos. Es decir, resumimos nuestra felicidad a lograr objetivos, cumplir sueños, conseguir lo que queremos. Desear, querer, anhelar, esperar, soñar, alcanzar, prosperar, subir, aspirar, lograr, ascender, culminar… Resulta que todas esas cosas están ahí fuera: No puedo aspirar ni elevarme hacia donde ya estoy, por lo tanto es algo externo, ahí arriba, donde sea que esté. Que esa chica se convierta en mi esposa, ese título universitario, el sabor de ese helado, que me toque un pellizquito en la lotería… Ni tampoco es posible esperar, desear ni querer algo si ya lo tenemos, sino cosas que están en otro sitio, en otra maraña de circunstancias de la que esa cosa a la que conozco como “yo” no forma parte. Que haga una temperatura agradable, que mis vecinos sean silenciosos y amables, comprarme la ropa que me gusta, poner la radio y que suene mi canción favorita…

Y cuando nos encontramos con cualquier cosa que sea incompatible con nuestros deseos, incluso algo completamente inventado por nosotros mismos como es imaginarnos que igual no conseguimos eso que queremos, la mera idea de que las cosas que nos pasan no vayan en armonía con lo que consideramos deseable (o aceptable, como mínimo, según los estándares de aquella ignorancia) entonces reaccionamos con rechazo, enfado, negación, frustración, impotencia, rebeldía, indignación, hostilidad, agresividad y demás.  Damos por sentado, absoluta e inflexiblemente, que si nuestro equipo no gana el partido, lo más inteligente, justo y necesario es criticar al equipo contrario. Damos por supuestísimo que, cuando vemos una película y no nos gusta, es porque la película es mala. Nos parece lo más lógico y razonable tener la creencia inamovible de que, cuando muere un ser querido, todo irá mucho mejor si lloramos y lamentamos y nos anclamos a su recuerdo y a una amarga añoranza durante años y años.

Porque cuando a la ignorancia que ensucia nuestra mente se le mete entre ceja y ceja que quiere esa patata que hay bajo tierra, porque al comérmela tendré en la boca una sensación agradable durante unos minutos y pensaré qué buena está esa patata, ni en nuestros sueños más salvajes se nos ocurriría pensar que más adelante pueda haber otros campos, otros caminos, otras frutas, otras posibilidades que esa patata. Que en realidad resulta estar podrida, pero da igual, la queremos desenterrar y si al final resulta que estaba podrida pues entonces ya veríamos cómo se las arregla mi orgullo para defender que tenía, tiene y siempre tendrá la razón. Y nos duele la espalda por levantar la azada, y nos rompemos las uñas removiendo la tierra y quitando las piedras, y cuando lo pasamos mal, la culpa siempre será de alguien, y como la ignorancia dice que los objetos de deseo (y satisfacción) están siempre ahí fuera, entonces ese alguien que tiene la culpa de mi dolor de espalda y de mis uñas rotas tiene que estar por narices ahí fuera también: La azada tiene la culpa. Las piedras y la tierra tienen la culpa. La azada es la herramienta que nos permite sacar esa patata que hará realidad todos nuestros sueños, la tierra es la base fértil que hace que esa patata esté ahí y las piedras son lo que ha protegido a la patata de posibles peligros y obstáculos para su crecimiento. Pero nos da igual: Tienen la culpa por el mero hecho de ser algo externo, algo que está siendo un obstáculo para la satisfacción de lo más supremo y sagrado que jamás se pudiera concebir: “Yo”. Y si “yo” quiere esa patata, no se hable más: Todo por la patata.

Porque esa falta de sabiduría, esa ignorancia, sólo quiere comerse esa patata. Ya. Ahora mismo. Aquí. A la temperatura perfecta y en su punto de sal… ¿Por qué? Porque esa falta de sabiduría, esa ignorancia, se lo ha dicho a “yo”. Aunque sea imposible. Aunque la patata esté podrida y no se lo quiera creer hasta que no le pegue un mordisco y se muera de asco. Aunque un poco más allá, por ese camino poco atractivo a la vuelta de esa esquina oscura… haya algo mucho mejor que esa patata. ¿Muchas más patatas? ¿Dinero para comprar patatas? ¡¿Una patata gigante que no se acaba nunca?!

No, ignorancia, no, he dicho algo mucho mejor:

No – necesitar – patata – alguna.

Y sonreír al saberlo. Entonces, ignorancia, te diremos adiós.


Carlos J. de Pedro | Inspirado en la enseñanza budista sobre el origen de todo sufrimiento: Los tres venenos mentales de la ignorancia, el deseo y el rechazo.

Próximo curso intensivo de Semana Santa: Introducción al budismo tibetano. 19, 20 y 21 de abril de 2019 en Aluche (Madrid). Toda la información aquí.

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Intensivo de meditaciones guiadas: Este domingo y el siguiente en Alcorcón y Aluche

Este taller estará dedicado casi exclusivamente a la práctica, con unas tres horas de meditaciones, todas ellas guiadas y basadas directamente en la sabiduría budista tibetana, sin necesidad de experiencia ni de adoptar creencia alguna.

Aunque podría haber algún pequeño cambio, las meditaciones que haremos serán:

-Sesión breve de relajación.

-Nejang Yoga: Respiración de Nueve Ciclos.

-Shamatha (shiné): Meditación sobre la respiración.

-Vipashyana (lagtong): Cuerpo burdo.

-Las Cuatro Nobles Verdades.

-El Noble Óctuple Sendero.

(Pausa para comentarios, preguntas, consejos…)

-Los Tres Venenos.

-Los Tres Tipos de Sufrimiento.

-Las Seis Perfecciones.

(Pausa para comentarios, preguntas, consejos…)

-Tonglen.

-Dedicación de méritos.

¿Te interesa? ¿Tienes alguna duda? ¿Vienes con alguien más? ¿No sabes qué traer? No tengas reparo en contactar ya mismo: medtibmadsur@gmail.com

Domingo 3 en Alcorcón. Domingo 10 en Aluche. RESERVA PLAZA AQUÍ. Gracias por compartir.

La higiene de las emociones

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“Obviamente, el enfado, el odio, el miedo… son emociones destructivas. Destruyen nuestra paz interior. Como contrapartida a estas emociones destructivas, las drogas o el alcohol no sirven de nada. Sólo desde dentro de las emociones, emociones constructivas como karuna (compasión), paciencia… Estas emociones son antídotos para esas emociones destructivas. Igual que la salud física: Una buena salud no se consigue rezando, sino cuidando de tu cuerpo y evitando ciertos gérmenes y otras cosas negativas, y entonces el sistema inmunitario crecerá. De forma similar, también a nivel mental deberíamos, ante todo, identificar qué emociones son las destructivas y qué emociones son el antídoto a esas emociones destructivas. Así es como se adiestra la mente. Es la única manera. Así que estos días le estoy diciendo a la gente que en educación, desde  las clases de infantil, normalmente se incluye educación sobre la higiene física. Así que ahora, de la misma manera, deberíamos incluir la higiene de las emociones. Eso es importante, ¿no?”

Próximo taller de meditación:
Domingo 17.02.2019 · 10:30 a 13:30 h
VittaYoga: C/ Pico Chilegua, 7 (Vallecas, Madrid)
Metro L1 Congosto
Reserva plaza aquí.

La Complutense anuncia el primer congreso científico sobre neurociencia y meditación

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El congreso científico internacional “La neurociencia del mindfulness” es una reunión científica cuyo objetivo es hacer coincidir, por primera vez en Europa, las perspectivas de los investigadores de Neurociencia Cognitiva y los investigadores de Neurociencia del Mindfulness. Seguir leyendo La Complutense anuncia el primer congreso científico sobre neurociencia y meditación

La felicidad y el amor, según Will Smith

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Una buena forma de comprobar el hecho de que la sabiduría budista tibetana no pretende que la gente sea budista, sino que sea feliz, se deja ver en afirmaciones como la que nos presenta Will Smith. Y para llegar, no sólo a presentar afirmaciones porque hayas llegado a cierta conclusión, sino a presentarlas porque vives de acuerdo con ellas y has comprobado que son algo válido y cierto, es necesario una reflexión previa. Un discernimiento. Un análisis. Un interés. Una motivación. La meditación budista tibetana no tiene otra finalidad que enseñarnos a establecer una buena motivación, que nos conducirá a un interés noble, que nos conducirá a observar y comprender correctamente, que nos conducirá a un entendimiento verdadero sobre las cosas, que nos conducirá a examinar nuestra realidad y la realidad que nos rodea, para finalmente ser capaces de identificar con claridad esa afirmación final de qué es la felicidad auténtica. No sólo por haberla observado y analizado, sino además por vivirla de primera mano.