La importancia de la motivación

5119070998_ea2c70d8b7_b“No importa con qué precisión o durante cuánto tiempo puedas concentrarte en un objeto de meditación, eso no te hace mejor meditador, ni un buen practicante budista. Un francotirador también puede enfocar su mente en un objeto de meditación con la finalidad de matar más y mejor.

Hace unos años le preguntaron al Dalai Lama qué pensaba de todo ese movimiento occidental del mindfulness (“atención plena” en inglés), que tanto toma del budismo pero que luego no le otorga ningún crédito. Sé lo que dijo porque yo estaba allí, yo era su intérprete. Le preguntaron eso: Ahora nos encontramos mindfulness en todas partes: Mindfulness en el mercado, mindfulness para hacer dinero, para tener más inteligencia emocional y demás. ¿Qué pensáis que dijo Su Santidad? ¡Que está muy bien… pero no es Dharma!

La razón de ser del Dharma, la enseñanza del Buda, es liberarnos del sufrimiento. Si descontextualizas completamente ese “mindfulness”, esa atención plena, y te sirves de ella por sí sola, como también se hace con el yoga, si te ayuda a aliviar el sufrimiento, entonces está bien. Eso es lo que dijo el Dalai Lama. Que está bien… pero no lo confundáis con el Dharma, la enseñanza del Buda. El shamata (la atención durante la meditación) no es Dharma, sólo es una técnica de concentracion. ¿Puedes concentrarte perfectamente en una imagen del Buda, o en tu respiración? Vale, pero eso es concentración, no Dharma. No es ninguna garantía.

¿Entonces? No se trata de lo bien que lo hagas, sino de cuál sea tu motivación”.

Alan Wallace.

20140619162126_z6sdAlan Wallace es uno de los maestros budistas más queridos y respetados de occidente, además de uno de los mayores expertos en lengua, cultura y religión tibetanas. Monje ordenado durante gran parte de su vida, ha ejercido como intérprete para el Dalai Lama y muchos otros maestros.

Nueva fecha en Aluche

cartel-enero-2017-yogaelEn los últimos meses he tenido el placer de ejercer como traductor de dos lamas tibetanos durante sus visitas a Madrid. Ambos pasaron por Yogael, un centro de yoga en el barrio de Aluche.

Desde entonces he seguido en contacto con su responsable, Raquel Baena, que ha sido tan amable de ofrecer su espacio para impartir uno de mis talleres, y quién sabe si muchos más en el futuro. La clase durará tres horas y seguirá el formato estándar, con un repaso a principios básicos del budismo, cómo se generan los distintos sufrimientos en nuestra mente, distintos tipos de sufrimiento, qué es realmente hacer meditación, cómo funciona, beneficios para la vida cotidiana y más, con varias sesiones breves de meditación, tiempo para resolver dudas, y si nos da tiempo, acabaremos con una práctica de tonglen, una meditación guiada muy inspiradora. Por supuesto, acudir a los talleres no requiere ser budista ni tener experiencia en meditación.

La cita será el próximo domingo 29 de enero de 10:30 a 13:30 h en Yogael, C/ Ocaña, 112 – Posterior. El metro más cercano es Eugenia de Montijo, pero también se llega fácilmente desde la estación de Aluche. Aquí tenéis el evento en Facebook.

Recordad que antes de esa fecha, el domingo que viene todavía tenemos el taller de Escuela Tarantos (Alcorcón), que suele hacerse el primer domingo de cada mes pero en enero -al caer en festivo- lo trasladamos al día 15. Ya podéis reservar plaza para cualquiera de los dos días (o ambos). Os espero.

Aquí. Ahora.

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Todos podemos entender que estando tranquilos y serenos no sólo nos sentimos mejor, sino que podemos afrontar mejor los problemas que tengamos. Pero en general entendemos esa tranquilidad y serenidad de forma limitada, pensamos que está bien para unos momentos pero en otros toca cabrearse, indignarse, deprimirse, o lo que sea. Lo entendemos como algo normal y ya está. Pero… sabiendo que cuando nos cabreamos o nos deprimimos lo pasamos mal, que son sensaciones desagradables e indeseables… ¿no es natural preguntarse si no será posible mantener esa serenidad y sensación de bienestar incluso cuando surgen esas situaciones? Todos sabemos que es mejor afrontar una situación difícil con una mente serena y una actitud positiva, no nos sentimos tan afectados y nos sentimos más capaces de encontrar una solución, incluso evitamos hundirnos o estallar cuando no hay solución.

Lo sabemos… Otra cosa es que lo reconozcamos, con lo que no engañamos a nadie más que a nosotros mismos.

Y la meditación -que es fundamental en budismo pero no tiene por qué ser budista necesariamente y cualquiera puede practicarla- sirve precisamente para eso: Si adopto cierta postura corporal, observo cómo se comporta mi mente, la intento convencer poco a poco para que se calle, se mantenga aquí y ahora, dejando estar los recuerdos y dejando de anticipar lo que todavía no ha pasado, permaneciendo atento y consciente a los ruidos de la calle o los vecinos pero sin verme afectado por ellos, el ir y venir de la respiración… lo que estoy haciendo no es sólo estar un ratito tranquilo y relajado, sino educando poco a poco mi mente para que deje de enredarse en las tareas domésticas, los problemas laborales, la situación del país, las emociones y sentimientos que me hacen sentir mal a mi y a los demás, deje de volver impulsivamente a cosas que ya han pasado y de saltar a un futuro que ni siquiera existe, intento poco a poco decirle a mi mente, a mi propia consciencia: “Eh, estamos aquí, ahora. No te aferres, no desees, no anticipes, no añores, no te enfades, no pasa nada, no inventes problemas, no exageres emociones ni sentimientos, no te quejes… Eh, vuelve, ahora, aquí…”

Y poco a poco (o rápido, quién sabe el potencial que puedes tener) haces que esos minutos de intentar permanecer en tranquilidad y calma mental pasen de ser simples momentos dispersos, dándole la vuelta a la tortilla: Según avanzas en la meditación, cualquier jornada, cualquier día, cualquier… vida, se convierte en “eso que pasa entre meditación y meditación”. Hasta que has acostumbrado tanto a tu mente a comportarse de forma tranquila y serena que te das cuenta que haces meditación mientras cocinas, trabajas, ves la tele, hablas… porque gracias a esas meditaciones aprendes que esa serenidad, tranquilidad, bienestar y actitud positiva no son algo artificial que podemos forzar de vez en cuando, sentados en un cojín y manteniendo una postura rara, sino que es ni más ni menos que el estado natural, limpio, claro y feliz que nuestra mente nunca debió perder, y que por descuido o ignorancia dejamos enmarañarse de impaciencia, enfado, añoranza, desilusiones, tristeza, crueldad, aburrimiento… y te das cuenta de hasta qué punto nos estábamos equivocando al pretender que la felicidad viene por cosas de fuera, cuando somos responsables de encontrarla aquí mismo, dentro de cada uno.

Ahogarse en el desahogo

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Ayer me crucé por Facebook con una publicación interesante. Esta persona decía echar de menos hablar alto y claro. Que la gente discuta más, diga las cosas claras y a la cara para resolver sus problemas, y se comentaban las diferencias que existen en ese sentido en distintos países europeos.

Es algo que siempre me ha llamado la atención, así que quise contribuir con un par de comentarios que he querido compartir con vosotros:

“A mí lo que me duele es tener que discutir y gritar. Lo que echo de menos no es decir las cosas claras a la cara y purgar malos rollos, sino tener que llegar al punto enfermizo de llegar a ello. Si uno tiene la necesidad o el impulso de estallar, desahogarse o hablar claro por hartazgo o frustración, no es un síntoma positivo de honestidad y progreso, sino consecuencias de una mala gestión mental y emocional. Todos esos pensamientos surgen de algo negativo, y la forma de arreglar las cosas no es subirse a una montaña a gritar de una vez por todas todo lo que te sale de las tripas, sino vivir de forma en que esa acumulación, esa podredumbre, no llegue a formarse. No se trata de discutir y gritar y llorar para acabar dando un abrazo, sino no tener que llegar a eso. Si no hay necesidad de llegar a ese extremo, no será algo que echemos de menos y que nos haga perder tiempo de vivir de forma más provechosa a cada momento”.

Horas después, añadí:

“A veces me encuentro con gente que dice que hay que discutir, que hay que enfadarse, que es normal, que es algo natural… ¿Por qué se supone que hay que aceptar de buena gana una cosa instintiva y visceral que nos causa sufrimiento, sólo porque nos parezca natural o dé la impresión de ser lógica?

Lo que sí es natural es que todos los seres vivos buscamos alejarnos de los sufrimientos. A nadie le gusta pasarlo mal. Nadie desea expresamente que ningún sueño se le haga realidad ni conseguir nada positivo en su existencia. Buscamos lo contrario, desde los seres humanos más inteligentes intelectualmente y más sabios espiritualmente, hasta las formas de vida más elementales, tendemos de forma natural a querer evitar sufrir. Entonces, ¿por qué se supone que habría que aceptar como si tal cosa experimentar enfados, discutir, gritarse cosas a la cara… incluso como forma de llegar a una solución?

¿De qué se supone que sirve ser indisciplinado moralmente en nuestras relaciones con los demás, crear mal rollo, fomentar tensión, acumular resentimiento, pegar cuatro gritos y al quinto empezar a darse cuenta de que las diferencias son superficiales, otorgar un perdón sólo parcial, acabar con un abrazo emotivo pero manchado de desconfianza, llorar, y volver a empezar? ¿No hubiera sido más simple mantener en todo momento una responsabilidad, una disciplina interna, una honestidad, para que todo ese proceso tan doloroso nunca hubiera tenido razón de ser? Es como decir que es importante que un drogadicto haya tocado fondo, se haya visto en lo más miserable, para tener un momento de revelación, decidir rehabilitarse, reformarse, y después crear conciencia de lo espantoso que es la adicción. ¿Para qué sirve todo ese proceso cuando uno puede tomar la determinación de alcanzar esa conciencia desde un primer momento?

Es verdad que a veces la vida nos enseña a guantazos, pero que sea así no significa que deba ser así, al menos no darlo por sentado en cualquier caso. Se dejan comentarios sobre cómo expresamos en las distintas culturas todo ese malestar, todo ese resentimiento, todo esa rabia contenida, todo ese rencor, toda esa frustración, todo ese malestar, todo ese dolor… y se resume en si los belgas, los españoles o los japoneses abrimos más o menos la boca para cagarnos en todo lo que se menea, cuando debería hacernos meditar sobre el hecho de que a lo largo y ancho de todas estas culturas, todos somos seres humanos, todos somos seres vivos, todos sentimos dolor y todos deseamos solucionar los problemas que tenemos con los demás. Problemas que nosotros mismos creamos y que pretendemos resolver discutiendo, de mal rollo, liberando unas tensiones que en realidad nunca tuvieron por qué estar ahí.

Pretendemos darle mucho valor a la sinceridad, pero cuando pensamos en sinceridad, pensamos en decirle a esa persona cuatro cosas bien dichas a la cara, y si le duele que se fastidie. Pero ni nos paramos a pensar, ser sincero no es pronunciar palabras duras y directas, ni tampoco querer que el tiempo se pare durante un abrazo. Ser sincero significa ser honesto empezando con uno mismo. Sentándonos a hablar muy seriamente con uno mismo qué se supone que pretendemos comportándonos así o asá con tal o cual persona. Observando qué intereses se supone que estoy pretendiendo defender durante una discusión. Si realmente me estoy sincerando con la verdad y la justicia, o si me estoy limitando a negociar un acuerdo. Negociar un acuerdo no es honesto. Honesto es comprender desde un primer momento, como base fundamental, que no tendría por qué haber motivos para tener que discutir ni aclarar diferencias.

Desde luego que siempre hay matices. En el mundo no existe ningún suelo absoluta y completamente liso y llano. Pero si a nadie se le ocurre de forma voluntaria caminar sobre un suelo lleno de obstáculos, ni rodearnos de gente indeseable, ni tomar un veneno mortal, ni meter la cara en el fuego, entonces ¿por qué en nuestras relaciones con los demás, especialmente con nuestra pareja sentimental o a la hora de educar a nuestros hijos, nos parece lógico y natural tropezar, argumentar, envenenarnos y quemarnos para pasar por un proceso de renovación tan doloroso y volver otra vez al punto de partida, y que encima muchas veces no sale bien?

La mente humana tiene una tendencia peligrosísima a dejarse llevar por emociones negativas. La sabiduría budista tibetana dice que practicar cualidades como la paciencia, la generosidad, la compasión, etc. es como subir a lo alto de una colina, mientras que dejarse llevar por el enfado, el egoísmo, etc. es como correr colina abajo. Por eso es mucho más frecuente pasarnos un día deprimidos o de mal humor, que alegres y simpáticos.

Muchas veces lo instintivo no es lo que nos parece más natural, y lo más razonable no siempre es lo que nos parece más lógico”.

El momento es ahora

picture-529“Siempre tenemos algún estado de ánimo. Podrá ser tristeza, podrá ser enfado, podrá ser un poco de nada en particular, simplemente un batiburrillo. Puede ser humor, o contento. En cualquier caso, sea lo que sea, es el camino.

“Cuando algo nos duele en la vida, normalmente no pensamos que sea nuestro camino, ni una fuente de sabiduría. De hecho, pensamos que si estamos en el camino es para librarnos de esa sensación dolorosa. De esa manera, cultivamos ingenuamente una agresión sutil contra nosotros mismos. El caso es que cualquiera que se haya servido de los momentos, los días y los años de su vida para ser más sabio, más amable y más como en casa en el mundo, ha aprendido de lo que está pasando ahora mismo.

“Podemos aspirar a ser amables ahora mismo. A relajarnos y abrir nuestros corazones y nuestras mentes a lo que tenemos delante nuestro ahora mismo. El momento es ahora. Si hay alguna posibilidad de alcanzar la iluminación, es ahora mismo, no en algún momento del futuro”.

-Pema Chödrön.

Consejos para el momento de la muerte

muerteEn el taller anterior hablamos por segunda vez sobre algo tan importante como la muerte. Según la sabiduría budista tibetana, no tiene sentido considerar la muerte un tabú, ocultarla hasta el momento de enfrentarnos a ella, resistirnos a aceptar que nuestros seres queridos se mueren, etc. en tanto morir es algo que nos pasa a absolutamente todos los seres: Buda murió. Jesucristo murió. En la Tierra hay más de 7.300 millones de seres humanos, que somos apenas una pequeñísima minoría del número de animales que habitan el mismo planeta… y dentro de cien años, la inmensa mayoría de todos esos seres ya habremos muerto.

Y no sólo la muerte es un hecho: También es un hecho que desconocemos el momento de la muerte. Ninguna persona joven tiene garantías de vivir más tiempo que una persona anciana. Ninguna persona sana sabe si vivirá más tiempo que una persona enferma. Da igual si el médico dice que te quedan seis meses de vida: Puedes morir antes por cualquier otra causa. Siendo así, no parece tener mucho sentido mirar hacia otro lado pretendiendo que morirse es algo que sólo le pasa a los demás.

Y como pasa con tantas otras cosas a lo largo de nuestra existencia, cuanto más nos informamos sobre cómo funciona una cosa (cómo cortan los cuchillos, por qué nos ladran los perros, cómo conducir un coche, por qué somos tan tímidos, en qué consiste el proceso de muerte…) poco a poco dejamos de sentir temor por todas esas cosas y las recibimos de forma más natural y menos traumática.

Así pues, vamos a recordar aquello que se quedó en el tintero en el último taller. Consejos para el momento en que acompañamos a alguien que está muriendo:

Nota: En caso de que la persona moribunda o recién fallecida sea practicante de budismo tibetano, es importante ponerlo en conocimiento de todos los implicados: Ambulancia, hospital, policía, funeraria, etc. En España, el budismo es una confesión de notorio arraigo desde 2007 y en 2015 el Ministerio de Justicia aprobó un protocolo funerario específico para budistas tibetanos que autoriza -por ejemplo- la presencia de un lama durante el velatorio para realizar las prácticas espirituales que considere oportunas, que el cuerpo no sea manipulado durante los tres días siguientes a la muerte clínica, etc. Más información aquí.

  1. Si la persona moribunda está consciente: Cualquier práctica (visualizar imágenes, recitar mantras, oraciones, generar distintos pensamientos favorables…) debería hacerla él mismo. En caso de estar inconsciente y no poder hacerlo por sí mismo, ayudarle estando a su lado y dándole indicaciones al oído.
  2. Cuando la persona ya da muestras de estar a punto de morir (por ejemplo, cuando está en el hospital, los médicos han dado la mala noticia,  los familiares ya han sido avisados, el representante de la funeraria ya está en camino y sólo queda esperar a que se produzca el fallecimiento) no debe tocarse al moribundo en ningún momento, como abrazarle, cogerle de las manos, besarle… En ocasiones es el propio moribundo el que retira las manos dando a entender que no quiere ser tocado. En todo caso, se podrá palpar ligeramente la coronilla.
  3. 20259pst160801_39_shutterstock_117980848Si la persona tiene creencias religiosas o espirituales, budistas o no, que se apoye en ellas para sentirse mejor: Recitando mantras, avemarías, el salmo nº 23 de la Biblia, o lo que considere oportuno para tranquilizarse y sentirse reconfortado. Inspirarle para que piense en cosas como el amor, la compasión, la humildad, su maestro espiritual… También pueden colocarse sus imágenes religiosas favoritas de forma que pueda verlas. Si recitar oraciones a su lado puede hacer que se agobie ante la cercanía de la muerte y le entre miedo, es mejor no recitarlas. En caso de ser budista, el Bardo Thodol (el llamado “Libro Tibetano de los Muertos”) debería serle recitado al oído únicamente si es un practicante veterano y está familiarizado con el texto. Si no, no es aconsejable.
  4. Si la persona es atea o no tiene ninguna creencia en particular, ayudarle a mantenerse sereno y positivo. Animarle a pensar en todas las cosas buenas que ha hecho o le han pasado últimamente, el año pasado, los últimos tiempos, últimas décadas, su vida entera… Descartar totalmente cualquier comentario que le haga recordar momentos tristes o desagradables, lamentarse por algo, etc.
  5. Aplicar los Cuatro Poderes Oponentes. Inmediatamente antes de producirse la muerte, es muy fácil generar enormes cantidades de karma negativo: Pensamientos de culpabilidad, aferramiento, miedo, etc. que dictarán en gran medida cómo experimentaremos el proceso de muerte y cómo será la vida siguiente. Antes de que la persona pierda el conocimiento, ayudarle a neutralizar esos karmas negativos:

    a) Arrepentirse de las malos pensamientos, malas palabras y malas acciones que haya cometido. Importante: No confundir arrepentimiento con sentirse culpable. Aquí nos referimos al hecho de reconocer que se ha obrado mal y verlo como algo incorrecto que no se debió hacer.

    b) Analizar esos comportamientos inapropiados y enmendarlos: Generar una mente de verdadera compasión, amor, generosidad, paciencia… Si uno es budista, pensar en las cualidades de las Tres Joyas y tomar refugio.

    c) Decidir de forma honesta no volver a cometer esos errores, ni en lo que queda de vida, ni nunca más en el futuro.

    d) Generar karma positivo: Si uno es budista, recitar mantras, oraciones, alabanzas, tomar refugio, recordar enseñanzas, etc. Si no lo es, esforzarse en generar pensamientos sinceros y comprender las ventajas de virtudes como el amor, compasión, paciencia, generosidad, tolerancia, alabar las buenas cualidades de nuestros santos, profetas, dioses, etc.

  6. 41820862El moribundo no deberá tener constancia en ningún momento de seres queridos llorando, lamentando, etc. Si alguien necesita llorar, está visiblemente muy afectado, no puede dejar de lamentarse en voz alta, hay gente dando el pésame, diciendo que es una lástima, qué injusticia, qué tristeza, etc. es importante que estas personas salgan de la habitación inmediatamente.
  7. Antes de producirse la muerte clínica, si la persona todavía está consciente, puede ayudar ayudarle a hacer meditación sobre la respiración: Intentar dejar de pensar en nada concreto, y concentrarse en el movimiento del aire entrando y saliendo. Esto ayuda a tranquilizarse, no dejarse llevar por el miedo, paliar algunos dolores…
  8. Desde el momento en que se produce la muerte clínica, contar tres días (unas 72 horas). Durante este período la mente sutil puede ser extremadamente sensible y es posible comunicarse con el difunto sólo con la mente. Es un momento indicado para recitar mantras, realizar prácticas espirituales, dedicarle oraciones, etc. Se le puede animar a contemplar y permanecer en la Clara Luz si es budista, acercarse al amor de Dios si es cristiano, etc. Ya sea con palabras con con la mente.
  9. Tras la muerte clínica y durante esos tres días la mente todavía no ha abandonado el cuerpo así que durante las primeras horas podemos tocarlo con cuidado, únicamente para comprobar por dónde empieza a perder calor: Si vemos que los pies empiezan a quedarse fríos mientras la cabeza sigue caliente, es señal de que su renacimiento será favorable. Si los pies todavía conservan calor mientras la cabeza ya está fría, el renacimiento será desfavorable (es decir, renacerá en reinos de existencia con más sufrimiento). Esto es sólo orientativo. En cualquier caso, no tocar el cuerpo más de lo imprescindible y lo primero en tocar debe ser siempre la coronilla (unos ocho dedos por encima del entrecejo).

Preguntas frecuentes:

-¿Cómo podemos saber si la mente sutil ha abandonado el cuerpo definitivamente?
-El plazo máximo es de 49 días a partir de la muerte clínica. Una vez pasado ese tiempo, ya es seguro que se ha completado todo el proceso de muerte y se ha producido el renacimiento. Mientras tanto, podemos fijarnos en cuatro detalles: 1) Que salga sangre por la nariz. 2) Que los genitales masculinos dejen salir restos de semen. 3) Que pongamos la mano en el centro del pecho y esté completamente frío. 4) Que el cuerpo empiece a desprender olor desagradable. Cuando se presente cualquiera de estos cuatro síntomas, es señal de que el proceso de muerte ya ha finalizado definitivamente. En este momento el cuerpo ya es un objeto inerte y puede manipularse como se considere oportuno.

-¿Qué pasa si el difunto quería donar sus órganos?
-Aunque la legislación española ya permite que el cuerpo de los practicantes de budismo tibetano pueda velarse durante más días de lo habitual, efectivamente si va a donar órganos, éstos deberían extraerse lo antes posible. En este caso es importante saber qué motivación tiene el difunto: Si realmente tenía intención expresa de donar sus órganos por compasión y amor a los demás, porque era consciente de que sería muy beneficioso, etc. entonces los maestros tibetanos están de acuerdo en que sí es posible hacerlo aunque no haya terminado el proceso de muerte, porque el karma positivo que generan con la enorme generosidad de ofrecer su cuerpo es mucho mayor que el karma negativo que surge al manipular su cuerpo cuando todavía no han terminado de morir. Si por el contrario, la persona era donante de órganos simplemente porque alguien le ofreció rellenar un formulario, porque se incluía en las condiciones de algún seguro, porque es la costumbre, porque no le cuesta nada, porque pensó que “total ya estaré muerto”, porque simplemente le pareció algo útil pero no llegó a generar un verdadero sentimiento de amor y compasión por los demás, de ofrecer su cuerpo en beneficio de otros seres humanos, de forma meditada, profunda y honesta, entonces no es recomendable y es mucho más indicado esperar el máximo tiempo posible antes de manipular su cuerpo. De lo contrario, lo más probable es que su renacimiento fuese desfavorable.

Últimos días de Lama Ahbay Rimpoché en Madrid. Hoy viernes, en Leganés.

_20161118_231632Desde el sábado pasado he tenido el inmenso honor de acompañar al lama tibetano Ahbay Rimpoché asistiéndole sobre todo como traductor durante las enseñanzas y bendiciones que está ofreciendo en Madrid. Se despedirá de nosotros mañana sábado, pero antes hará una parada en Leganés.

Lama Ahbay Tulku Jigme Thubten Tendar Rimpoché es la reencarnación de Lama Lobsang Tenzin, un maestro ermitaño del Tíbet que vivió gran parte de su vida meditando en cuevas aisladas y que demostró haber alcanzado grandes realizaciones espirituales. Lama Ahbay no fue reconocido como tulku (maestro reencarnado) desde un primer momento: Cuando tenía nueve años se ordenó como monje y no fue hasta que cumplió doce que Su Santidad el Dalai Lama confirmó su identidad, siendo entronizado en la sede india de Ganden, uno de los tres grandes y legendarios monasterios de Lhasa (Tíbet).

108Hoy mismo, viernes 25, quienes estamos en la zona sur de Madrid estamos de enhorabuena: Rimpoché ofrecerá en Leganés una enseñanza sobre “Los Ocho Versos para la Transformación del Pensamiento”, un texto clásico muy estimado por los practicantes de budismo tibetano y con un inmenso potencial para que todos convirtamos nuestro día a día en algo realmente significativo. Después de la enseñanza habrá momento para preguntar a Rimpoché cualquier duda que tengáis, pedir consejo, etc. A continuación realizará la puja (práctica, ceremonia) de las 21 Taras. Tara es una manifestación femenina de la mente de todos los Budas, puede aparecer en 21 formas, y es una de las deidades más queridas en toda la cultura tibetana en general. Finalmente, aprenderemos cómo puede Tara beneficiarnos en la vida cotidiana, recitaremos su mantra y recibiremos su bendición directa, para vosotros y para vuestros seres queridos.

Os recomiendo muy encarecidamente aprovechar la oportunidad de oro que supone poder recibir la visita tan cercana de un maestro tan importante. Estaré encantado de ejercer como traductor, ayudaros en cualquier duda o necesidad que tengáis durante el rato que pasaremos con él, y por supuesto volver a veros de nuevo en nuestro próximo taller, el 4 de diciembre en Alcorcón.

201411041504-fullAdemás conoceremos los proyectos que intenta dar a conocer en sus viajes: Por un lado, la construcción de un nuevo monasterio para sus discípulos en la India, y por otro conseguir benefactores para sus monjes, que se mantienen exclusivamente de la generosidad de su maestro y de padrinos que quieran colaborar para cubrir sus necesidades básicas.

Toma nota: Será hoy mismo, viernes 25 de noviembre de 2016, a partir de las 19:00 horas en Espacio Alegría: Avenida Juan Carlos I, nº 92 – Planta 1ª – Local 10 (Leganés). A pocos metros del metro El Carrascal y a un paseo del centro comercial ParqueSur. Se solicita una aportación de 20 €. Se ruega puntualidad.

¡Os espero! Y mañana sábado 26 será la última oportunidad de estar con Ahbay Rimpoché. Será a partir de las 17 horas en Aluche y después viajará de vuelta a la India.